domingo, 25 de octubre de 2009

Sin Miedos para la Felicidad


¡Mami tengo miedo!


Todos hemos tenido miedo alguna vez, El miedo es una característica común en los seres vivos. Decía Neill que “la vida de un hombre es la historia de sus miedos”, y tenía razón.

Los miedos infantiles varían según el niño y las situaciones en las que él vive. Pero, por lo general, los miedos son universales. Empiezan alrededor del primer año de vida, y se presentan con mayor incidencia entre los 3 y los 6 años de edad, como quien dice atacan en la primera infancia. Y los miedos llegan a ser tan dañinos para el desarrollo del niño, sin embargo hay otros que incluso, son beneficiosos, porque enseñan al niño a ser más precavido en situaciones que exigen cuidado. Según algunos investigadores, los miedos aparecen y desaparecen; y cambian a medida que el niño va creciendo. Pero, los educadores para la felicidad pueden y deben ayudar a los pequeños a comprender y superar sus miedos. El miedo se aprende de las películas, los cuentos, las historias de algunas personas, etc., y desaparece cuando haya alguien que lo disuelva. Claro está, las diferencias para vivir los miedos siempre serán individuales y muy personales, hay niños más miedosos, otros más arriesgados, etc.

Durante siglos hemos pensado que los niños temen a las brujas, al coco, lobos, fantasmas, ogros, a la oscuridad,… pero ¿continúan teniendo hoy en día estos mismos miedos?

Los mismos niños comparten sus miedos, que por su puesto traen del hogar, como el cuarto oscuro, el agua fría, y en ese momento el educador para la felicidad busca con todos los pequeños una explicación y zin zalabin muchos superan ese miedo.

Y cómo llevar esta junta tan importante para los pequeños:

  • Preguntas como, ¿Existen los monstruos? ¿Y las brujas? - ¿Dónde Viven debajo cama o en la oscuridad? ¿Por qué nos dan tanto miedo?
  • Preguntas cotidianas sobre los personajes, ¿Qué comerán?, ¿Tiene papá y mamá? ¿Usarán pañales?..

Luego lo pequeños trasladan las preguntas a sus padres… y otra junta para “evaluar” la información. Seguro los educadores para la felicidad van a tener gran cantidad de material y ahora con todos los pequeños después de repasar el material mas bien se inventan un cuento, poesía, canciones, hacen títeres y entre comillas se burlan de lo que ante le producía miedo, con todos los personajes que producen miedo y por su puesto con final feliz…


Y mucha atención porque si bien hay que desmitificar este miedo infantil, los adultos también tienen su tarea y es NO asustar a los niños para que les hagan caso provocándoles intranquilidad y miedo.

Sí bien, los miedos infantiles son un fenómeno natural y universal que tarde o temprano aparece en todos los niños. Y, aunque estos miedos suelen ser pasajeros, los educadores para la felicidad deben fomentar la prevención y superación de los miedos infantiles, así como el comportamiento prudente ante situaciones peligrosas. Los miedos infantiles forman parte de un proceso de crecimiento, pero también pueden resultar señales de alerta, por lo que no hay que minimizarlos y, ante nuevas manifestaciones, debemos pensar si se derivan de nuevas circunstancias en la vida de los pequeños (separación de los padres, escuela, cambio de domicilio…).

Y bueno otros consejillos de cómo actuar frente a los miedos infantiles, siempre teniendo en cuenta que no se trata de eliminar los miedos, ya que forman parte del instinto de supervivencia y del desarrollo evolutivo del ser humano. El miedo sólo es negativo si se convierte en patológico, en una fobia, o si deriva de algún hecho traumático.

  • Los Educadores para la Felicidad jamas deben manifestar sus miedos (hablamos de miedos irracionales o fobias) delante de los niños, ya que el miedo puede transmitirse de padres a hijos mediante el aprendizaje por imitación. Los miedos de los adultos pueden interferir en la desaparición del miedo de los niños impidiendo que estos exploren su entorno. Por ejemplo, si el adulto le tiene miedo a los payasos o al mar, entonces ¿habrá que evitar que los niños jamás asistan a una fiesta con payasos o peor aun nunca llevarlos al mar, la falta de estas experiencias puede influir para que el niño asuma la herencia de estos miedos y que pena!
  • Ahora, importantísimo educarlos en la prudencia hacia lo realmente o potencialmente representa peligro. Es decir, no se debería tener miedo al mar, pero sí ser prudente en él. No tener miedo a los perros, pero sí ser prudentes frente a ellos. Porque en algún momento que no podemos controlar, podrían ser peligrosos y causarles daño.
  • Cuando el niño tiene miedo a estar solo, se debe promover la autonomía, y la independencia. Normalmente, ellos mismos reclaman ese espacio, y se dan cuenta que estar solos no implica tener miedo si saben que de cualquier forma hay un acompañante adulto para cuando lo necesiten. Por ejemplo, si cuando se están durmiendo de repente oyen algo o piensan algo que les produce miedo, y lloran, y llaman, lo mejor es acudir a tranquilizarlos y hablarles con dulzura y ternura hasta que la angustia desaparezca. Ojo! Evitando la sobreprotección; no la protección; dónde empieza una y acaba la otra, hay que tener muy claro este concepto.

Bueno sin miedos y con Caricias Calientitas…

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