sábado, 20 de marzo de 2010

MAESTROS PARA LA FELICIDAD


Hoy quiero rendir un homenaje a todos los chicos y chicas que han pasado por mi vida en calidad de maestros de la vida, de la felicidad, de la ternura, de la dulzura, de la nobleza, empezando por mis hijos, quisiera nombrarlos a todos, Andrés Fernando, José Fernando, Juan, Emilio, Antonio, Juan Juan, Jorge, Sarita, Paulina, Luisa Fernanda, Kamila, Sofía, Felipe, Juan David, Diego Alejandro, Daniel, Jerónimo, Valeria, María Isabel, Santiago, Juanita, Daniela, Isabela, Ana Belén, Andrea, Shean, Rodrigo, Nicolás, a todos, sobrinos, nietos, vecinos, todos los chicos que están cerca de nosotros los adultos en diferentes momentos de la vida, y así como nosotros somos sus maestros con el ejemplo, ellos si que saben enseñar sobre la vida, tienen inmersa la pedagogía del amor, la ternura, la alegría, es la verdadera magia de la vida, la que guardan en sus corazones.

Ellos los chicos son los auténticos cofres mágicos del amor; deberíamos saltar, bailar y cantar llenos de alegría cuando hay un tesoro infantil cerca de nuestras vidas, deberíamos estar al pendiente para recoger de su magia todo el amor que nos llena de felicidad, para luego poder compartirla con el resto de los adultos; pues es de la sonrisa infantil, que tomamos la luz, de su voz aprendemos la melodía del amor con la música de la ternura, de sus miradas , el brillo mágico que nos hace inocentes y puros, de sus brazos el calor, de sus encantadores y fantásticos sueños, aprendemos la ilusión, y de sus corazones nos llega el amor, es como re-aprender los que olvidamos al hacernos adultos; es que en la compañía infantil recolectamos la magia necesaria para dejar salir el niño que llevamos dentro, con los niños todo en la vida cobra color y calor.

Ellos nos enseñan que todo es un motivo de celebración, asombro, y agradecimiento, ellos son una fuente inagotable de magia con cálidos corazones de niños. Desafortunadamente en muchas ocasiones se dejan pasar estas valiosas y magistrales enseñanzas, aún se ven papitos de ceño fruncido con las sonrisas escondidas para ganar respeto según ellos; con los chicos podemos recuperar las alas necesarias para soñar con la felicidad y vivir en ella y con ella.

Los chicos son maestros especializados, apenas dan un abracito de ternura, derriten corazones, lo que pasa es que los adultos han ido perdiendo muchas de estas valiosas asignaturas, y a cambio se ensañan en devolver con golpes el derroche de amor que dan los hijos, y sí, suena duro pero aun existen adultos que golpean sus tesoros, los mutilan física y emocionalmente; que rico tomar un curso intensivo de amor con los chicos que están cerca.

Podemos aprender bastante de los niños. Casi todos tenemos la fortuna de conocer de cerca la magia de la niñez veinte o treinta años después de haber sido niños. Si son nietos, se reciben aún más lecciones. Hay que dedicar más tiempo a aprender de los niños, y menos a enseñarles. Los niños saben pasarla bien, mucho más que la mayoría de los adultos. Los niños saben reír. No necesitan gran cosa para reírse. A veces no necesitan nada. Ellos ríen porque les agrada la sensación. Los niños son espontáneos. No analizan ni empeliculan las cosas. Simplemente se mantienen ocupados siendo ellos.

Los niños siempre viven fascinados. Son curiosos. Una piedra, un escarabajo o un charco, es una fuente de asombro para un niño. Todo es una experiencia nueva y emocionante. Los adultos se vuelven serios y dejan de entender de rocas, insectos, charcos y hormigas. Es que los adultos se olvidad cuan mágica es la vida.

Los niños aceptan abiertamente. No tienen prejuicios. Gustan de ricos o pobres, blanco o negro. Los niños no se escandalizan por ideas políticas o religiosas. A los niños no les preocupa demasiado bañarse o no bañarse. ¿Cuándo hemos oído a los niños quejarse del clima? No lo hacen. Saben por intuición que tienen que adaptarse al curso de las cosas. A todos petrifica y deleita la honestidad de los niños, ¿Por qué estás tan viejo?, ¿Ya te vas a morir? ¿Por qué le pegas a la mesa? Su perseverancia es digna de admirarse y soportarse. Si los vendedores de seguros se capacitaran en un jardín de niños, ¡probablemente el noventa y ocho por ciento no claudicarían en los primeros doce meses! Sencillamente, los niños perseveran.

Hoy Caricias Calientitas tiene la intención y el propósito, de sensibilizar con unas palabras y un video para que los papitos se dejen envolver por la magia de la ternura y la dulzura que les dan sus hijos a cada instante, y que de paso dejen salir el niño que llevan dentro, es volver a creer en los ángeles, hadas, unicornios; es hacer la maestría del amor personalizada!

Con Caricias Calientitas.

Cuando un niño nace es un ser humano lleno de naturalidad. Así que tomaremos como ejemplo su etapa más pura, su primera infancia: la edad comprendida entre cero y tres años.

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